¿QUO VADIS EUROPA?

¿Quo vadis Europa? Hace años ya me hice la misma pregunta. Estaba en juego que pudiéramos adoptar la ciudadanía europea con todos sus efectos. Se acababa de adoptar el Acta Única, abandonando el primer proyecto de Constitución para Europa, el proyecto Spinelli. Se dio paso posteriormente al Tratado para la Unión Europea (Maastricht), que instituyó por primera vez la ciudadanía europea y los derechos que la conformaban.

Parecía que ello iba a ser indiscutido en Europa y que los ciudadanos se sentirían más europeos al poder ejercitar la libre circulación y residencia, el derecho al sufragio activo pasivo en las elecciones municipales y europeas, el acceso al Defensor del Pueblo europeo y la protección diplomática y consular cuando, estando en terceros estados, no existiera representación accesible de su propio país… Posteriormente, en el Derecho de la Unión han aparecido otras normas que han proporcionado ventajas a quienes, proviniendo de otros países, se integraran en ella. Creíamos que todos, ciudadanos europeos y ciudadanos que querían ser europeos o, al menos, vivir como europeos en Europa, podíamos convivir en el mismo espacio de libertad, seguridad y justicia.

Pues no ha sido así. La Unión, sus políticos, han puesto más el acento en los aspectos económicos (que no niego son de suma importancia) y en las relaciones geoestratégicas de algunos de los Estados miembros (y no señalo a nadie en concreto, porque si algunos las han monopolizado ha sido con el consentimiento o la desidia del resto) que en la potenciación de la ciudadanía y sus derechos.

De este modo, cuando la crisis económica, el populismo, la xenofobia, el fascismo en suma, se están introduciendo con una inusitada rapidez en las esencias del sistema, ni la propia Unión, ni sus gobernantes, ni los de los Estados miembros, han dado una respuesta adecuada al problema. Es más, están trasladando a una ciudadanía desorientada y cada vez más rota la toma de decisión que debería ser abordada no por el sentimiento popular, sino por la razón política.

¿Quo vadis Europa? Me pregunto de nuevo hacia dónde está yendo esta nuestra Europa, esa Europa que hemos intentado crear sobre la base del Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos y que se está olvidando de sus valores fundacionales. Esa Europa que ha pretendido integrar, como Estados democráticos, a todos aquéllos que se comprometieran a defender en común esos valores. Esa Europa que no defiende los derechos de todos sus ciudadanos y los de todas las personas que viven, que trabajan, que pagan sus impuestos en los estados que la componen. Esa Europa que no hace frente a sus responsabilidades frente al caos que se está instaurando en ella.

¿Quo vadis, Europa?

 

En una Europa rota, 6 de julio de 2016.

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