TENEMOS MEMORIA

Algunas de las más preocupantes reacciones frente al terrorismo son aquellas que consisten en ignorar a las víctimas, identificar terrorismo con conflicto armado o construir una determinada memoria democrática que nada tiene que ver ni con la Historia ni con la democracia.

Digo esto porque, aunque es de hace algún tiempo, he tenido acceso a la noticia sobre la exposición que se va a montar en Barcelona, en 2017, con motivo de los 30 años del atentado de Hipercor. Además, el Ayuntamiento de Barcelona ha nombrado un Comisionado de Programas de Memoria que, en una entrevista en la que, al hilo de la mencionada exposición, pese a ser uno de los muy titulados y poco cultos exponentes de nuestra intelectualidad, realiza una serie de afirmaciones que es necesario analizar con detalle para apreciar a qué nos estamos enfrentando.

Afirma el Comisionado que la muestra no va a estar dirigida especialmente a las víctimas y a sus familiares, porque como han vivido los hechos no es necesario dirigirse a los afectados sino a todos los barceloneses. Poco conocimiento tiene este historiador, que ha sido también asesor del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos del Gobierno Vasco, del tratamiento que, desde la memoria democrática, debe darse a las víctimas.

Desde las orientaciones emitidas por el Consejo de Europa (CODEXTER), el apoyo moral a las víctimas constituye uno de los ejes fundamentales para garantizar que las políticas antiterroristas estén de acuerdo con los textos internacionales de protección de los derechos humanos, no sólo por ética pública sino porque las víctimas son las principales colaboradoras de la justicia en la lucha por erradicar el terrorismo. Desde la Unión Europea se obliga a las autoridades internas a no revictimizar, en forma directa o secundaria, a las víctimas (Directiva 2012/29/UE, aplicable también a las víctimas del terrorismo y transpuesta en España mediante la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito), a respetar su dignidad y a tomar todas las medidas necesarias para su resarcimiento, no sólo material sino también moral, en un contexto no sólo procesal sino también extraprocesal. Las Naciones Unidas, que hasta hace muy poco tiempo ponían más el acento en la garantía general de los derechos en la lucha contra el terrorismo, consideran ahora que el apoyo y protección a las víctimas debe incluir sistemáticamente su reconocimiento social e institucional (Sesión del Consejo de Seguridad del 21 de octubre de 2015). Mal pueden ser tenidas en cuenta estas orientaciones europeas e internacionales, justas por lo demás, cuando, para el Sr. Comisionado, la exposición sobre la Memoria no se va a dirigir especialmente a las víctimas o sus familiares. La memoria de las víctimas no cuenta, se desprecia, ofendiendo así directamente a quienes han sido los primeros agraviados y, además, revictimizados. Las victimas… mejor ignorarlas, a ver si así nos olvidamos de ellas.

Continúa el Sr. Comisionado afirmando que todos los temas relacionados con la Memoria son conflictivos y, aunque sibilinamente, realiza afirmaciones que tienden a que el lector asimile el terrorismo a los bombardeos aéreos sufridos por Barcelona (también los hubo en otros lugares, no nos miremos el ombligo) durante la Guerra Civil, equiparando de facto acto terrorista a acto de guerra, cuando ello está claramente diferenciado en toda la regulación jurídica aplicable al respecto. Dejando aparte las diferencias temporales, el contexto histórico de ambas situaciones es radicalmente distinto: en un caso estamos ante un conflicto bélico que puede comportar actos lícitos (o ilícitos) según el Derecho de la Guerra (Convenio de Ginebra de 1950 relativo a la protección de personas civiles y protocolos adicionales); en el otro caso estamos ante asesinatos de personas en un régimen democrático de libertades. No hay comparación posible. En una guerra hay combatientes, en el terrorismo hay asesinos y víctimas. Téngalo en cuenta Sr. Comisionado. No se equivoque al respecto, porque ello constituiría una bajeza moral terrible.

El Sr. Comisionado afirma en la entrevista que el atentado de Hipercor supuso un “giro radical” en la forma de actuar de ETA porque por primera vez todas las víctimas eran civiles, incluidos niños y además fue indiscriminado. ¿Es consciente el Sr. Comisionado de que el giro radical que tuvo en lugar en ETA fue cuando una escisión en esta banda terrorista decidió seguir matando aunque hubiera democracia? ¿Sabe de los debates internos en la banda sobre el abandono de la “lucha armada” durante la transición a la democracia? Ahora ya no queda prácticamente “memoria” de ello pero las diferencias entre la Vª y la VIª Asamblea fueron notables al respecto. Se supone que, como historiador, debe conocerlo. Y también debería poderse suponer que sabe que, como demócrata que debe creer ser, no es lo mismo luchar contra un dictador (desde Aristóteles se justifica el derrocamiento del tirano) que desestabilizar un sistema democrático asesinando, mutilando y secuestrando, a civiles, cierto, y también a militares que son precisamente, en democracia, los servidores públicos que han de garantizar la libertad y seguridad de todos con las facultades que les otorga el Estado de Derecho.

¿Es, para el Sr. Comisionado, menos reprobable el tiro en la nuca, la bomba lapa o el coche bomba contra la Guardia Civil o contra un miembro de los cuerpos militares que contra un diputado, un policía, los niños hijos de los guardias civiles y policías abatidos en los cuarteles o las personas, mayores y menores que, desgraciadamente, se encontraban en el lugar, paseando, viajando o haciendo la compra, donde las bombas explotaron? Por cierto, los policías, Sr. Comisionado, son civiles conforme al Derecho Internacional Humanitario, excepto, en España, el caso de la Guardia Civil, que tiene carácter militar y doble dependencia, de Interior y de Defensa. ¿Vamos a establecer, como consecuencia de “su” teoría del giro radical, categorías de víctimas entre los más de 800 asesinatos perpetrados por ETA, o los miles de heridos, o los secuestrados? ¿Quién va a ser más víctima? ¿O menos víctima? ¿Las víctimas de ETA o del Grapo u otras organizaciones terroristas o las del 11M? ¿Las víctimas de Barcelona o las de Madrid o el País Vasco, Sevilla, Valencia, Vic u otros lugares?

¿Esto es lo que nos quiere enseñar? ¿Quiere convertirnos a “su” definición de memoria, pues así lo afirma, como “imagen del pasado públicamente construida”? ¿No se da cuenta de que con su propia definición está precisamente afirmando que “construye”, es decir, que reinventa, “públicamente”, es decir, abierta y notoriamente, lo que en realidad sucedió? Aquí, con la actuación de ETA, no ha habido conflicto armado alguno, como algunos pretenden. Ciertamente, Vd. no lo afirma directamente, pero ello subyace a lo largo de todas sus manifestaciones. La comunidad internacional nunca ha otorgado estatuto de combatiente a ningún miembro de ETA, precisamente porque, entre otros requisitos, según el Protocolo Adicional I al Convenio de Ginebra (1977), para otorgarlo, los combatientes están obligados a diferenciarse de la población civil cuando participan en un ataque o en una operación preparatoria de un ataque. Más bien al contrario, aquí los asesinos se han valido pérfidamente de su condición de civiles, pues a priori ha sido imposible identificarlos como distintos a las víctimas y así han tenido más fácil la perpetración de sus delitos. Aquí no ha habido ningún conflicto armado. Ha habido, lisa y llanamente, terrorismo y barbarie.

No nos va a engañar, Sr. Comisionado. Ni tampoco va a engañarnos el Ayuntamiento que lo comisionó y que quiere, según dice, “establecer la memoria democrática” mediante un proceso que precisa de una “mirada crítica”. No recrearemos acontecimientos que hemos, o no, vivido, para construir identidad alguna porque, contrariamente a lo que Vd. dice, la memoria no puede hacer lo que quiera.

TENEMOS MEMORIA. Sabemos quién, cómo y cuándo lo hizo. En cada caso. Y sabemos también quién, cómo y cuándo ha intentado manipularnos con tergiversaciones conceptuales o con categorías falsas. No podremos olvidarlo nunca, aunque Vds., con su “construcción pública”, pretendan reconstruir falazmente los hechos. Nosotros también los contaremos, tal como los vivimos. No necesitamos de “su” memoria.

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8 thoughts on “TENEMOS MEMORIA

  1. Tienes toda la razón, Teresa, soy victima atentado de Hipercor y Presidente de la ACVOT, cuando leí la noticia que reflejas en tu análisis, me puse en contacto con este comisionado y no he obtenido respuesta y escribí un comentario en Facebook y tampoco me han replicado, Me gustaría saber que payasada están haciendo de Memoria

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    1. Hola José. Buenas tardes. No sé si nos conocemos. A quien creo que sí conocías es a mi padre, Francisco Freixes. La verdad es que cuando leí el artículo de El Periódico (no lo había visto cuando se publicó) con la entrevista a este comisionado me sentí no sólo ofendida sino irritada porque parece que nos tomen por tontos. Y lo que ya es de vergüenza total es que hayas intentado ponerte en contacto con él y no te haya dado respuesta. Gracias por decírmelo. Un abrazo.

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