TIEMPOS OSCUROS

¿Cuándo se jodió el Perú Zavalita? La pregunta que se hace Vargas Llosa al inicio de Conversación en La Catedral me repica machaconamente estos días en el cerebro, cuando intento dar alguna respuesta a qué nos ha podido pasar aquí, en este nuestro país, para llegar hasta dónde hemos llegado.

¿Cuándo se ha podido iniciar, y consolidar, esa inmensa confusión en torno al concepto de democracia? ¿Cómo ha podido cambiar la ética pública para que sea posible afirmar sin ningún pudor que la salida de la cárcel de uno de los más destacados miembros del entorno de ETA hay que celebrarla como un triunfo de la democracia porque se trataba de una persona encarcelada por sus ideas políticas? ¿Desde qué momento se legitima un partido político cuya fórmula básica para alcanzar el poder consiste en ir devaluando sus postulados por ver en qué punto se los compran? ¿Dónde podemos situar el origen del sustento intelectual de la afirmación requetemartilleada consistente en afirmar que lo que legitima cualquier acuerdo para lograr un gobierno de cambio consiste básicamente en echar al gobierno anterior? ¿Desde qué teoría política (no líquida) se puede afirmar sin zozobra que el mandato democrático justifica el desprecio a la ley? ¿Cómo ha sido posible lograr que millones de personas consideren que tengamos que tolerar, como si ello fuera lo normal en democracia, incitaciones al odio, populistas tergiversaciones retorcidas o varas de medir a conveniencia de según quién? ¿En qué forma se ha conseguido que (parte de) la población de Cataluña crea que se puede “desconectar” de España? ¿Cómo puede considerarse lícito gastar en dinero público en hacer informes y más informes, crear “oficinas para la desconexión” e intentar justificar que desobedecer las leyes del Estado es lo más normal en democracia porque se está construyendo, al margen de toda legalidad, otro “estado”?

Durante estos últimos años hemos perdido colectivamente todo referente lúcido y ético. La corrupción no ha sido sólo económica. Visto y oído lo que aparece en los medios, han conseguido también corromper los conceptos. Todo vale para algunos. Todo se justifica si se consigue lo que uno quiere. Cualquiera es capaz de decir la sandez mayor del mundo subido a un estrado, detrás de un micrófono o delante de una cámara. El insulto trasciende al diálogo. No hay educación, en el sentido profundo de la palabra, en lo que algunos consideran, y formalmente lo es, la generación más titulada de la Historia. Lo malo es que nosotros hemos sido sus maestros…

Tiempos oscuros…

En la primera sesión del debate de investidura, 1 de marzo de 2016.

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