HABLEMOS CLARO

En una reunión de trabajo en Bruselas, hace ya unos tres años, justo cuando comenzaba a intensificarse la presión independentista en Cataluña, pregunté a los participantes que cómo veían tal asunto. Estaban presentes altos cargos de una docena de países europeos. Me miraron como si les preguntara la cojudez más insignificante del mundo. Tras unos segundos de silencio, uno de ellos, no voy a desvelar quien, aunque diré que no era español, dijo: “Eso no se va a producir de ningún modo”. El resto asintieron y otro, éste sí español, de mayor edad y si, cabe, experiencia, comentó: “Desde luego, pero, ¿quién va a volver a meter luego el genio en la botella?”.

Recuerdo esa reunión hoy, volando precisamente hacia Bruselas, la víspera en que el Parlament de Catalunya va a votar lo que denominan “el inicio de la desconexión con España” en el marco del “proceso hacia la independencia” dirigido a la “creación de un nuevo Estado en la Unión Europea”. Las comillas que utilizo aquí muestran la retorcida y falaz fraseología de los golpistas que protagonizarán tal evento; enseguida explicaré por qué los califico así, pero antes me referiré el contexto de lo que nos espera mañana, por si el lector no lo tiene claro o no sabe de qué va.

Los dos grupos secesionistas, Junts pel Sí (JxS, formado por Convergencia, Esquerra Republicana, independentistas no adscritos a partidos y antiguos miembros de Iniciativa) y la Candidatura d’Unitat Popular (la CUP, que se proclaman antisistema), han presentado una propuesta de resolución para que sea votada en el primer pleno que realice el nuevo Parlament recién elegido. La Mesa decidió admitirla a trámite sin respetar las reglas de procedimiento del propio Reglamento del Parlament, ya que tal admisión se ha decidido sin la preceptiva reunión previa de la Junta de Portavoces y negándose a facilitar un informe jurídico al respecto a uno de los grupos parlamentarios, el socialista, que así lo había solicitado. La Junta de Portavoces no se había constituido porque un partido político, el Partido Popular, todavía estaba dentro del plazo legalmente establecido para formar su grupo parlamentario y nombrar portavoz, pero a la Mesa tal “minucia” le ha dado lo mismo, forzando sí o sí la admisión a trámite de la resolución que pretende proclamar la independencia. La Mesa argumentó que existían precedentes de situaciones parecidas en las que se habían admitido a trámite solicitudes similares antes de que la Junta de Portavoces se hubiera constituido, lo cual ha sido fehacientemente desmentido, puesto que para algo existen las Actas que recogen los acuerdos tomados en reuniones de la Junta de Portavoces en cada legislatura y las Actas muestran que cuando se realizaron las reuniones iniciales, en cada legislatura, la Junta de Portavoces siempre se había constituido formalmente con carácter previo. En un nítido intento de manipulación chapucera, la mayoría de la Mesa, formada por los cuatro miembros de JxS, quiso hacer pasar como reuniones preceptivas de la Junta de Portavoces previas a la admisión a trámite por parte de la Mesa lo que no eran más que las normales sesiones informales que se realizan justo después de que los diputados electos presenten sus credenciales y tomen posesión de sus escaños para cambiar impresiones sobre qué curules ocuparán en el hemiciclo u otros asuntos menores. Pero claro, ¿cómo queremos reclamar respeto al Reglamento del Parlament a quienes se están saltando a la torera la Constitución, el propio Estatuto de Autonomía y las decisiones de los órganos jurisdiccionales?

Frente a ello, los diputados de los tres partidos políticos claramente contrarios a la secesión de Cataluña, el Partido Socialista de Cataluña (PSC), el Partido Popular (PP) y Ciudadanos, han presentado recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, por entender que sus derechos fundamentales han sido vulnerados, ya que la decisión de la Mesa ha sido tomada sin que su participación hubiera sido legalmente posible y efectiva; el Tribunal Constitucional ha admitido a trámite tal recurso. Además, Ciudadanos y el PP solicitaban también, como medida cautelar, que el Tribunal suspendiera la realización del mencionado pleno, pero éste ha considerado que no procedía tal suspensión.

Queda también, como protagonista de esta película, un cuarto grupo político, Catalunya sí que es pot (CSQP en adelante) del cual no queda suficientemente acreditada su posición, puesto que cinco de sus miembros votaron a favor de que fuera Presidenta del Parlament quien ha dedicado buena parte de su vida al agitprop independentista y que, tras afirmar retóricamente que quería ser la Presidenta de todos, ha finalizado su discurso de apertura con un “Visca la República Catalana”, mostrando así, a las claras, el talante con el que comienza su papel en esta legislatura.

Con este panorama, se impone hablar claro. Se impone un análisis riguroso que muestre sin paliativos las intenciones de quienes dicen, melifluamente, que lo único que van a decidir es el inicio de un proceso que llevará a la independencia derivada de un “mandato democrático” (otra vez las comillas) expresado en las urnas el pasado 27 de septiembre. Como si no conociéramos la famosa “Hoja de ruta” adoptada por la Asamblea Nacional Catalana, en Lleida, el 12 de abril de 2015. Como en la Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, el Full de Ruta 2015-2016 describe, punto por punto, las acciones de “ejercicio gradual de la soberanía”, los sectores estratégicos a dominar y el cronograma temporal de acción previsto por los secesionistas, teniendo en cuenta los diversos escenarios con que su procés se puede enfrentar.

Hablemos, pues, claro. Punto por punto.

  1. Lo que pretenden JxS y la CUP, que siguen en todos sus términos el Full de Ruta, no puede ser calificado más que como un golpe de Estado. Efectivamente, en la propuesta de resolución: “Se declara solemnemente el inicio de creación del estado catalán independiente en forma de república”. No existe ninguna base legal, interna o internacional, que pueda fundamentar tal declaración. Ello consiste en una mera vía de hecho golpista, al margen de cualquier fundamento jurídico, contraria a la Constitución que democráticamente adoptamos los catalanes, junto con el resto de españoles, en 1978.
  2. La resolución es radicalmente contraria al ejercicio democrático de la soberanía nacional, que la Constitución atribuye al pueblo español, pues pretende atribuir la titularidad de la soberanía y del poder constituyente al Parlament, proclamando al mismo tiempo la apertura de un proceso constituyente para adoptar una constitución catalana.
  3. En la resolución se insta al gobierno catalán que emane del flamante Parlament a que en el plazo de 30 días inicie la tramitación de tres leyes que el Full de Ruta del secesionismo considera indispensables para la “desconexión” de España: la del proceso constituyente, la de la seguridad social y la de la hacienda pública. Ello implica la rápida presentación de sendos proyectos legislativos al respecto. Además, el Govern queda supeditado al cumplimiento, en exclusiva, de las normas y resoluciones adoptadas por el presente Parlament, con la finalidad de “blindarse” ante las de procedencia española.
  4. El Parlament, por su parte, queda también sujeto a la acción golpista, puesto que no se supeditará a las instituciones españolas ni, sobre todo, a las decisiones del Tribunal Constitucional.

Todo ello encaja perfectamente en lo que Curzio Malaparte, en su obra, Técnicas de un golpe de Estado (1931), señala como elementos constitutivos de tal acción: operación ilícita, ejecutada desde instituciones de poder, contra el poder legítimo, dirigida a alterar o modificar la estructura del Estado. No se necesita mucha gente para ello. Según Malaparte basta con que unos mil técnicos bloqueen las capacidades del Estado y hagan creer a la mayoría de la población que ello es lo adecuado y que deben mantenerse neutrales.

No es necesario, como se afirmaba en la teoría política clásica hasta hace relativamente poco tiempo, el uso de la fuerza para estar ante un golpe de Estado. El controvertido periodista Thierry Meyssan describe en sus artículos, examinando lo acaecido en diversos países, la doble moral que está en base del golpe; por una parte, se organiza un proceso de movilización que comporta la división de la sociedad mediante la realización de acciones radicales no violentas y, por otro lado, se efectúan acciones más o menos clandestinas, de modo que lo que denomina trabajo sucio es llevado a cabo por gente de buena fe, que no se da cuenta de la manipulación de que son objeto; este autor describe también las etapas preparatorias, que comportan la propaganda para deslegitimar a las autoridades, el “calentamiento” de la calle, el uso de diversas formas de lucha y la preparación para la resistencia a la acción del poder primigenio.

Similares observaciones se contienen en la obra del politólogo estadounidense Gene Sharp. El golpe, en su opinión, viene precedido por una etapa de creación de malestar social en torno a un tema o una política determinada, seguida de otra en la que se descalifica a las instituciones acusándolas de violar los derechos democráticos, lo cual va a generar la realización de intensas campañas manipulativas para movilizar a la sociedad y conseguir, de este modo, desestabilizar al gobierno, crear un clima de ingobernabilidad y obtener la renuncia de los gobernantes.

Hablemos, pues, claro. Se está anunciando que se va a iniciar un golpe de Estado. En manos de nuestras autoridades legítimas, y en las nuestras, está el impedir que triunfe.

En vuelo hacia Bruselas, 8 de noviembre de 2015.

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