CATALONIA, A NEW STATE?

Sí, sí, en inglés, que hay que internacionalizar la “cosa”. La “cosa” es Cataluña como nuevo estado de Europa, que eso se lleva mucho en el marco del procés

Hay que internacionalizarlo, según opinan los que quieren constituir ese nuevo Estado, con el objetivo de conseguir un inmediato reconocimiento de Cataluña como Estado por parte de la Comunidad Internacional y, de paso, automáticamente, ser un nuevo Estado dentro de la Unión Europea. Sin embargo, realizar un análisis jurídico acerca de cómo Cataluña, desgajada de España creando un Estado independiente sería, para la Unión Europea, un tercer Estado que debería pasar por los trámites pertinentes para poder entrar en la Unión, es algo tan jurídicamente claro a la luz de los Tratados de la UE que este escrito podría perfectamente terminar aquí, sin mayores conjeturas . Y lo mismo sucedería si se tratara de realizar un análisis más politológico, pensando en si la Unión Europea ayudaría o no a la independencia de Cataluña, interrogante que quedaría también inmediatamente resuelto, puesto que la Unión Europea, como entidad política, ha sido, desde sus orígenes en cada una de las extintas Comunidades Europeas, algo que nació, vivió y vive para unir, no para dividir, separar o favorecer secesiones.

Pero no voy a entrar en ello ahora porque, el otro tema importante a abordar, que es previo a lo dicho, es cómo se podría formar ese Estado. Es decir, cuándo, en el marco del procés podríamos afirmar que Cataluña sería un Estado.

¿Por qué ello es importante? Porque no es un Estado quien quiere sino quien puede, es decir, quien consigue avanzar en el procedimiento jurídicamente establecido hasta obtener el reconocimiento de la Comunidad Internacional. Lo que equivale a manifestar que se tienen que seguir una serie de pasos, legalmente establecidos, además de superar lo que podríamos denominar fase política del reconocimiento.

Sin ello, cosa que puede durar décadas, no hay Estado por más proclamación política que se haya hecho de ello. Y sino que se lo pregunten a los saharauis, tan bien abandonados por España y otros países que son responsables de su injusta situación, pese a que ellos proclamaron en el desierto por ellos “liberado”, en pleno proceso de descolonización y frente a la invasión marroquí-mauritana, la República Árabe Saharaui Democrática en 1976 e, incluso, hay estados africanos que les reconocen, sin que ello les haya otorgado el status jurídico/político necesario para poder ser considerados como Estado. También se les puede preguntar a los palestinos, que tampoco consiguen obtener el consenso necesario para que la Comunidad Internacional reconozca la creación del Estado Palestino, proclamado en el exilio en Argel en 1988, aunque se les admite como observadores en Naciones Unidas y, simbólicamente, a partir de 2012, el Parlamento Europeo y diversos parlamentos de Estados miembros de la UE, y otros estados y organizaciones internacionales, reconocen la necesidad de la creación de tal Estado.

Pero vayamos por pasos. Lo primero que hay que señalar es que la creación de un nuevo Estado siempre ha supuesto un traspaso de soberanía, traspaso que únicamente puede darse, en democracia, si quien la tiene la cede, puesto que la asunción unilateral de poder soberano sin acuerdo inter partes únicamente ha sido resultado y se ha consolidado mediante actos de fuerza que, finalmente, han ido siendo reconocidos por la Comunidad Internacional, con interregnos gravosos, especialmente para la población afectada (lo que se ha dicho de saharauis y palestinos constituye un buen ejemplo de ello).

Por ello, en el contexto de la creación de un hipotético Estado catalán, me fijaré únicamente en los Estados que han surgido mediante la escisión de una parte del territorio de otro Estado, a partir de procedimientos que hayan respetado los procedimientos democráticamente establecidos por el Derecho interno, además de las reglas del Derecho Internacional sobre la sucesión de Estados.

De entrada, para que un Estado sea reconocido en el marco de las Naciones Unidas, ha de obtener la mayoría de los votos como tal en la Asamblea General, a propuesta del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, teniendo que cumplir con las condiciones que le impone el art. 4 de la Carta de esta organización internacional y que son: por una parte, haberse constituido como Estado. Es decir, que se haya formado como tal de acuerdo con los procedimientos legalmente admitidos por la comunidad internacional (que son el respeto a las reglas del Derecho interno en las secesiones pactadas en el marco de un Estado democrático, o, para el caso de dictaduras o territorios coloniales, el ejercicio del derecho de autodeterminación). Por otra parte, se tiene que ser un Estado pacífico, que acepte las obligaciones de la Carta de las Naciones Unidas, sea capaz de asumir estas obligaciones y esté dispuesto a hacerlo. El Tribunal Internacional de Justicia, además, considera, desde sus orígenes, que el cumplimiento de estas condiciones es necesario y, además, suficiente, sin que puedan exigirse el cumplimiento de otras que no estén explicitadas en la propia Carta, que estas condiciones del art. 4 han de ser interpretadas en contexto y que el voto de los Estados ha de ser individual y objetivo.

Téngase en cuenta, como elemento de reflexión, que la propuesta para el reconocimiento de un nuevo Estado la realiza el Consejo de Seguridad, en donde los cinco miembros permanentes (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) han de votar unánimemente para que la decisión sea válida (arts. 23 y 27 de la Carta de NN.UU.), lo que implica que la oposición de sólo uno de ellos bloquea automáticamente la propuesta sin que la Asamblea General pueda entonces pronunciarse al respecto.

En consecuencia, para que se pudiera plantear la formación de un nuevo Estado en relación con Cataluña se tendría que pasar el “filtro” del reconocimiento por Naciones Unidas. Éste es el contexto jurídico/político en el que tal reconocimiento debe ser situado.

¿Se ha seguido este filtro en la formación de los nuevos Estados europeos que han surgido como tales en el siglo XXI? En la práctica totalidad de los casos (sólo hay uno en que no ha sido así, que es el caso del Kosovo) se han seguido los procedimientos establecidos por el Derecho Interno, casi siempre aprovechando la coyuntura de los cambios profundos que supuso la caída del bloque comunista. Sin pretender ser exhaustiva, señalaré lo ocurrido en la desmembración de la URSS, la disolución de la antigua Yugoslavia y la división de Checoslovaquia.

En el caso de la URSS, su desmembramiento originó que el territorio que ocupaba un Estado derivara en el territorio de quince, aunque Rusia fue considerada como la “heredera natural” de la antigua Unión Soviética y mantuvo las responsabilidades internacionales de ésta, entre ellas la condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Hay que señalar que en aquel momento estaba vigente la Constitución de la URSS de 1977, que reconocía el derecho de secesión a sus Repúblicas  y se había adoptado además una Ley regulando el procedimiento para realizar la secesión en 1990. En este contexto, todos los Estados que se desgajaron de la URSS siguieron, además de los procedimientos regulados en el Derecho interno, el procedimiento establecido por la Carta de Naciones Unidas para ser admitidos en esta organización, admisión que tuvo lugar el 2 de marzo de 1992 (excepto Georgia que entró unos meses más tarde). Dentro de este proceso, un caso especial es el de las tres repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, hoy Estados miembros de la Unión Europea. El planteamiento jurídico que se siguió en estos casos tenía su fundamento en que estas repúblicas recuperaban la personalidad internacional que ostentaban antes de que la URSS se las anexionara y, tras la proclamación de independencia, fueron admitidas en Naciones Unidas el 17 de septiembre de 1991. También en estos casos se siguió el procedimiento previsto en la Carta de Naciones Unidas, sin que Rusia ejerciera el veto al respecto. La previsión legal/constitucional de la URSS y el procedimiento legalmente establecido para la entrada en Naciones Unidas constituyeron, pues, en su momento, el fundamento jurídico de la creación de estos nuevos Estados.

En el supuesto de la antigua Yugoslavia, ésta, como Estado federal, estuvo compuesta por las repúblicas socialistas de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia, teniendo además dos provincias autónomas dentro de Serbia que eran Voivodina por una parte y Kosovo y Metojia por otra. La Constitución vigente en Yugoslavia en la época de la desintegración era la de 1974, heredera de la de 1963 que a su vez lo era de las de 1953 y 1946. En la Constitución de 1974, se definía a la República Socialista Federativa de Yugoslavia como una unión voluntaria de repúblicas socialistas y de naciones comprendiendo el derecho a la separación (reconocido en los Principios fundamentales) y en el art. 244 se reconocía que el fundamento del Estado era la “soberanía” de los “pueblos”. La puerta abierta hacia la separación, a través de la constitucionalización de la “unión voluntaria”, fundamentada en los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos y autorizando la secesión, constituyó la base jurídica de las proclamaciones de independencia. Sobre estos postulados, Bosnia-Herzegovina, Croacia y Eslovenia fueron reconocidas por las Naciones Unidas en 1992 y la ex República Yugoslava de Macedonia en 1993. Serbia y Montenegro quedaron agrupados en la República Federativa de Yugoslavia, que fue reconocida por la ONU en el año 2000 y, tras la división entre Serbia y Montenegro, la primera quedó como Estado sucesor de la antigua república y Montenegro fue admitido en las Naciones Unidas en 2006. Kosovo se autoproclamó Estado independiente en 2008, sin base jurídica en el Derecho interno de Serbia, donde estaba integrado como provincia, no como república, pero no hay unanimidad ni en Naciones Unidas ni en la Unión Europea sobre su aceptación como tal. De este modo, a partir de las previsiones constitucionales de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, y con proclamaciones de independencia, seguidas de referéndum en algunos casos, en lo que fue el territorio de la antigua Yugoslavia, existen hoy seis Estados reconocidos por la Comunidad Internacional, que son Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Antigua República Yugoslava de Macedonia, Montenegro y Serbia. Kosovo todavía espera que su situación jurídica se estabilice pues, aunque el Tribunal Internacional de Justicia reconoció en una Opinión consultiva, el 22 de julio de 2010, que tal autoproclamación como Estado independiente no era contraria al Derecho Internacional porque el Derecho internacional general no contiene ninguna prohibición al respecto, el estatus de Kosovo como Estado continúa siendo contestado y está todavía lejos de obtener la unanimidad de la Comunidad Internacional.

En el caso de Checoslovaquia, la Constitución vigente a la caída del socialismo era la de 1968, con las reformas de 1971, que organizaba el Estado federal en dos naciones, ambas prácticamente con los mismos poderes que la Federación y con nacional dual para los ciudadanos de cada una de ellas que eran, a la vez, checoslovacos y, según su adscripción nacional, checos o eslovacos. En el Preámbulo de esta Constitución se reconocía el derecho de autodeterminación, comprendiendo la secesión a ambas naciones. Sobre esta base, se realizó una reforma constitucional en 1991, de la que derivó la Ley constitucional de 1992 que disolvería a Checoslovaquia. Ello originó inmediatamente, el inicio de procesos constituyentes que dieron lugar a los Estados de Chequia y Eslovaquia. Los dos nuevos Estados ingresaron en las Naciones Unidas, siguiendo el procedimiento previsto por la Carta en 1993.

Una reflexión de conjunto en estos procesos de secesión nos lleva a la consideración de que en prácticamente todos ellos existía una base constitucional previa que allanó jurídicamente el camino no sólo de la formación de los nuevos Estados sino también de su integración en las organizaciones internacionales. No he entrado a analizar aquí los conflictos, bélicos y terriblemente criminales en algunos casos, que jalonaron estos procesos de independencia, puesto que no se trata, supongo, de extrapolarlos al caso de Cataluña. No he descrito el vejatorio trato que las tres repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, dieron y continúan dando a las minorías presentes en sus territorios, a las que se ha pretendido integrar forzosamente convirtiendo en apátridas a quienes se negaron a tal asimilación, constituyendo un ejemplo deplorable de discriminación por razón de origen nacional contrario a todos los principios y normas del Derecho internacional y europeo. Tampoco a relatar las “triquiñuelas” habidas en algunos casos, como en Chequia y Eslovaquia, donde se hurtó a la población la decisión mediante referéndum para sustituirla, en pleno proceso constituyente de los dos nuevos estados, por la decisión del parlamento de cada comunidad, pues no quisiera tampoco que semejantes “astucias” se repitieran en nuestro caso.

En el fondo, lo que he querido plantear es que, como mínimo, las reglas del Estado de Derecho, presentes en todos los estados democráticos actuales, exigen que cualquier decisión que afecte a la ciudadanía se tome mediante los procedimientos legalmente establecidos. Mucho más si se trata de una decisión tan trascendental como es la relativa a la creación de un Estado. Y, si estos procedimientos no existen en un lugar concreto, hay que esperar a que se creen, como en toda sociedad civilizada. Sin el respeto a la ley no hay democracia, pues la democracia no es más, ni menos, que un procedimiento que se establece en cada comunidad para que las decisiones se tomen conforme a reglas preexistentes, de tal manera que, finalmente, el resultado de las mismas pueda ser reconocido como legítimo no sólo por ellas, sino por la Comunidad Internacional en su conjunto. Fuera de este marco de legitimidad no hay decisión política posible. A menos que queramos quedarnos como el Kosovo…

Berlín – L’Ametlla del Vallès, agosto de 2015.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s