ESPEJISMOS

Antes que nada quiero proclamar que nunca más haré caso de encuestas y otros espejismos. Me refiero al caso del referéndum de Grecia, cuando nos hicieron creer que el sí y el no, en la respuesta a una pregunta prácticamente ininteligible, estaban en empate técnico y luego ha habido algo así como veinte puntos de diferencia entre ambos. Siempre había creído que el margen de error en tales pronósticos se situaba entre el 4 o 5% como máximo, pero parece ser que la fiabilidad de los mismos es proporcionalmente decreciente al enconamiento de las posturas reflejadas en el sondeo….

Yendo ya a lo que importa. Los espejismos. La Real Academia Española, en su diccionario, define espejismo como “Ilusión óptica debida a la reflexión total de la luz cuando atraviesa capas de aire de densidad distinta, con lo cual los objetos lejanos dan una imagen invertida, ya por bajo del suelo como si se reflejasen en el agua, lo que sucede principalmente en las llanuras de los desiertos, ya en lo alto de la atmósfera, sobre la superficie del mar”. Además, identifica este vocablo como “ilusión” en el sentido de “concepto o imagen sin verdadera realidad”.

Si aplicamos este concepto a lo que estamos viendo en estos días en Cataluña, nos encontramos con una todavía no formalizada lista electoral cuya definición (como lista del president primero, lista con independientes después, lista con independientes y políticos posteriormente y lista con ya no se sabe qué ahora mismo), en el marco de la ilusión o espejismo soberanista que la preside y atraviesa, resulta de difícil encaje en las categorías no diré ya científicas (sería petulante e impropio de tal situación) sino de mínima práctica democrática en los países de nuestro entorno.

No se trata de que los partidos, grupos, asociaciones u otros colectivos identificados o identificables no puedan decidir (faltaría más) proponer las listas electorales que crean convenientes. Es evidente que, respondiendo a sus propios intereses, pueden formular las opciones que quieran, siempre dentro de los requisitos que marquen las correspondientes leyes electorales. Y que pueden incluir en ellas a quien les parezca, con independencia de si los candidatos pertenecen, han pertenecido o no pertenecen ni nunca pertenecerán a partidos políticos, organizaciones, por cierto, que suelen ser las que normalmente se presentan a las elecciones en las democracias actuales.

Pero ya lo ha dicho alguien con coleta: “Catalonia is different”. Y para más serlo, pretenden que nos creamos, como “lista de país”, a una amalgama todavía no completamente definida (que sepamos los sufridos ciudadanos) de nombres de distinta procedencia, que se unen solamente para, nada más y nada menos, proclamar la independencia de un nuevo y pequeño Estado en el sur de Europa.

Cuando estudiábamos Derecho político (entonces no teníamos Constitución y así se llamaba la asignatura que ahora es Derecho constitucional), y según los manuales actualmente al uso en buena parte de Europa y América se daba gran importancia a la configuración de las listas electorales. Desconozco hasta qué punto se reproducen los conceptos que enseguida abordaré en África –aunque la francophonie los ha extendido vastamente- y Asia, así como tampoco puedo asegurar que se apliquen profusamente en Oceanía. Del mismo modo advertiré que desde que el neo constitucionalismo bolivariano se ha impuesto en algunos lugares, parte de América Latina, afortunadamente limitada a escasos países, no responde en puridad a estos parámetros.

No sé si aquí la confección de las listas electorales, que están cerradas y bloqueadas, es decir, que el elector vota toda la lista en bloque y el escrutinio tiene que respetar la posición que cada persona ocupa en ella, tiene la misma importancia que cuando, en otros lugares, las listas están abiertas o el voto puede expresarse en forma preferencial. En pocos países son realmente abiertas, porque ello implica que cualquiera que no se encontraba en ella pudiera ser elegido directamente por la ciudadanía en nombre de la lista; por lo que sé, además, en Suecia, que lo permite, sucede muy pocas veces. En muchos casos la lista es cerrada, sin que se puedan añadir nombres, pero el voto puede expresarse con preferencias, lo que implica que el electorado puede reposicionar el orden de cada persona en la lista y, como consecuencia, puede resultar elegido en primer lugar quien fuera situado en el último por el partido, grupo u organización que la hubiera organizado. Pues bien, siguiendo estos criterios, la famosa lista a que en principio me refería, está cerrada y bloqueada, puesto que éste es el sistema que seguimos en Cataluña, a falta de una ley electoral propia, que los partidos con representación en el Parlament, han sido incapaces de adoptar en todos los años que llevamos de democracia. Puesto que algunos de ellos quieren instaurar la república catalana independiente, quizás sería aconsejable que comenzaran por el principio, es decir, por crear un sistema electoral que pudiera representar a la sociedad catalana en su conjunto a través de reglas propias (y apropiadas).

Pero no son sólo las listas lo que nos debe preocupar en democracia. Las listas se confeccionan por los partidos, grupos, organizaciones, etc. que pretenden ocupar puestos en los cuerpos legislativos o las asambleas locales. Y suele ser común, por lo menos así lo explican Duverger, Hauriou, Linz, Ras, Liphart y otros juristas y/o politólogos, por citar a los clásicos, que cada lista responda a una tendencia política o sociopolítica, aunque también pueden formarse coaliciones, normalmente entre grupos que tengan una cierta afinidad. Lo que equivale a decir que detrás, o delante, de cada lista, se contiene una propuesta política, de alcance general o local, según el tipo de elecciones a las que se enfrente.

¿Qué propuesta política tenemos delante, o detrás, de la famosa lista a la que me estoy refiriendo todo el tiempo? Que se sepa, porque muchas cosas no nos las quieren decir, porque son muy astutos y quieren colarle goles al Estado, lo único que une a los integrantes hasta ahora conocidos, es la voluntad manifestada de organizar una asamblea que proclame la independencia (exprés) de Cataluña. Es decir, un espejismo.

Un espejismo porque no está regulado en ninguna norma aplicable al caso, ni catalana, ni española, ni europea ni en ningún otro sistema electoral o de formación de órganos pluripersonales, si para realizar esta proclamación la lista ha de obtener una mayoría determinada, en votos o en escaños. Esta fina línea del horizonte, en la que el espejismo puede darse por encima o por debajo, o por encima y por debajo si la lista es minoritaria en votos pero mayoritaria en escaños, es la que dicen que vislumbra una nueva Cataluña en la que los duros valdrán no cinco sino seis pesetas (fuera del euro, podremos establecerlo tranquilamente), en la que una Arcadia feliz dará ocupación y buenos salarios y pensiones a todas las personas, en la que no tendremos problema alguno con la deuda pública y en la que el concierto de las naciones admirará a ese nuevo pueblo, tan laborioso, culto y constructivo él, que habrá asumido todas las bondades posibles y dejado a un lado la corrupción, el clientelismo, el victimismo, el espíritu de campanario y hasta el mismo Palau de la Música.

Y es que pensando en espejismos recuerdo una anécdota que me contó Marcos Ana en su exilio parisino, cuando yo le hacía una entrevista tratando de entender la evolución del PCE hacia el eurocomunismo. El poeta había estado encarcelado en el presidio de El Ferrol del Caudillo (entonces se llamaba así) y estaban allí, entonces, en plena Segunda Guerra Mundial, en la creencia de que el avance de los aliados en Francia, con la integración de batallones de republicanos españoles y la conjunción que con ellos podían tener los maquis gallegos, iba a culminar con un desembarque antifascista en las playas de Galicia. La consigna que tenían era que cuando comenzaran los bombardeos previos, los presos debían iniciar un levantamiento que les llevara a tomar la prisión para unirse seguidamente a las tropas aliadas e iniciar así la reconquista republicana de España. Y esperando, esperando (los cañonazos) una noche, efectivamente, se oyeron grandes detonaciones. Inmediatamente, los conjurados iniciaron el levantamiento y lo tuvieron que dejar al poco tiempo: Habían comenzado las fiestas patronales y, confundiendo sus deseos con la realidad, lo que se les antojó como bombardeo no era otra cosa que un inmenso castillo de fuegos artificiales. La cosa, ciertamente, no terminó muy bien para ellos, que sufrieron las correspondientes represalias y algún alargamiento de condena. No habían tenido en cuenta, en su espejismo, que los planes de Churchill no coincidían con los suyos…

Szczecin (Polonia), 18 de julio de 2015.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s